Hay algo que nadie te dice cuando sales de la consulta con otra receta en la mano: los antibióticos tratan la infección, pero cada ciclo de antibióticos aumenta el riesgo de que las bacterias desarrollen resistencia.
Se adaptan, evolucionan y se vuelven cada vez más difíciles de eliminar.
No es una teoría: es exactamente lo que ocurre en el cuerpo de muchas mujeres que tratan las recaídas siempre de la misma manera, utilizando el mismo recurso.
Y hay otro problema, del que se habla aún menos.
Con frecuencia, el antibiótico se prescribe sin realizar un urocultivo, la prueba que permite identificar con precisión qué bacteria está causando la infección y qué tratamiento puede eliminarla de forma eficaz.
¿El resultado? El tratamiento funciona solo a medias, o no funciona en absoluto, porque la bacteria en cuestión no responde a ese principio activo.
Dos errores silenciosos, difíciles de detectar, que se repiten una y otra vez. Mientras tanto, tu cuerpo paga las consecuencias: una flora bacteriana alterada, defensas debilitadas y una vulnerabilidad cada vez mayor frente a nuevos episodios.
No es culpa tuya que la cistitis siga reapareciendo.
Pero puede que sea la señal de que ha llegado el momento de cambiar de enfoque.